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Indicadores

Fecha de creación

Jueves, Abril 7, 2016 - 15:19

De todas las definiciones que tratan sobre los indicadores surge que éstos constituyen informaciones cifradas que brindan una escala sobre la cual pueden medirse rendimientos y resultados conforme a un criterio de apreciación.

Ya sea para describir el estado de un sistema o para compararlo con uno o varios estados anteriores (indicadores de estado), poner de manifiesto las alteraciones de ese mismo sistema (indicador de presión) o para ilustrar el estado de avance de las medidas tomadas (indicador de respuesta), un indicador constituye una herramienta de evaluación gracias a la cual se podrá evaluar o medir una tendencia, de manera relativamente objetiva, en un momento dado, en el tiempo y/o en el espacio.

Al permitir la representación tangible y palpable de una realidad compleja, los indicadores brindan un resumen de informaciones complejas que ofrece la posibilidad de dialogar a diferentes actores (políticos, científicos, administradores o ciudadanos comunes).

Los indicadores responden a tres grandes funciones:

Científica: describiendo un estado, por ejemplo el de la gobernanza mundial.

Política: identificando las prioridades y evaluando los rendimientos de los actores de dicha gobernanza.

Societal: facilitando la comunicación y orientando las acciones a realizar o las decisiones a tomar.

Los indicadores deben responder a cierto número de criterios de calidad, entre ellos:

Pertinencia: debe existir una relación causal entre el hecho medido -indicado- y el indicador.

Utilidad: responden a la pregunta planteada y permiten alcanzar el efecto buscado.

Robustez, fiabilidad y precisión: la solidez del razonamiento que llevó a su elaboración así como los modelos matemáticos utilizados y la fiabilidad de los datos recolectados deben permitir reflejar con la mayor precisión posible el estado o las variaciones que están destinados a sintetizar.

Calidad y disponibilidad de los datos: éstos deben ser indiscutibles y de fácil y libre acceso.

Comparabilidad: con el correr del tiempo, diferentes baterías de indicadores deben permitir efectuar comparaciones.

Legibilidad y transparencia: el método que condujo a la realización de los indicadores debe presentar un carácter de perfecta legibilidad, ser fácilmente comprensible y responder a un criterio total de transparencia, garante de su credibilidad.

Uso de los indicadores

En lo que se refiere al empleo de los indicadores, conviene considerar a los indicadores como señales sobre un sistema, o sobre una parte de un sistema. Dichas señales son empleadas para brindar cierto número de informaciones a propósito del sistema en cuestión: su estado o su evolución.

De esta consideración cabe retener las tres nociones esenciales a propósito de los indicadores: la de señal, la de sistema y la de información.

La señal es un dato considerado importante que se trata de recoger.

El sistema: estamos a la vez dentro del sistema y fuera de él. En ese sentido, los indicadores pueden ser internos o externos. Se puede disponer de autoindicadores generados por los mismos actores o de indicadores brindados por observadores externos. Pero en todos los casos, siempre lo que se trata de abordar es el sistema.

La información: esta información se inscribe dentro de una óptica de medición, de evaluación o de indicación.

Los indicadores o las baterías de indicadores tienen una triple función -informar, alertar y permitir la conducción y la acción- que va a regir su empleo.

Los indicadores como informadores

Un procedimiento que se apoya sobre indicadores permite informar tanto en interno como en externo del sistema, pues una buena política de indicadores, y por lo tanto de evaluación, debe ser una política transparente. Todas las informaciones brindadas por los indicadores, cualesquiera que sean (internos o externos) deben regresar hacia los actores del sistema. Éstos están directamente involucrados en lo que los indicadores revelan en cuanto al estado del sistema del que se ocupan.

Estos indicadores también deben utilizarse para informar a los ciudadanos y, más globalmente, a la opinión pública. Por otra parte, una política de indicadores o de evaluación debe pensarse de entrada como respuesta a una demanda social considerable. Esa fuerte demanda de evaluación es acompañada, de un modo bastante paradójico, por una reserva o un eventual cuestionamiento y un escepticismo que subrayan la imperiosa necesidad de un proceder riguroso, tanto a nivel de la elaboración como del uso de los indicadores.

Los indicadores como sistema de alerta

Más allá de la información que brindan de manera explícita, los indicadores también alertan. En este sentido, la información que brindan debe inspirar, a posteriori, un doble proceder de profundización y de acción. Hay que incitar a los actores a seguir siempre profundizando. Su autoevaluación debe ser posterior y complementaria a un sistema de indicadores.

El mundo tal como se presenta hoy es un organismo complejo y su gobernanza es complicada. No se puede pretender lograr una descripción exhaustiva de su realidad, sea cual fuere la calidad de la batería de indicadores implementada. A fin de cuentas, hay que considerar a un sistema de indicadores o una batería de indicadores como un esqueleto cuya función es alertar. Brinda indicios a partir de los cuales los actores involucrados, que conocen bien el sistema, podrán profundizar eficazmente las observaciones, responder a las preguntas: “¿Es exacto que…? ¿Es verdad que…?”.

Los indicadores como herramientas de acción y de conducción

Los indicadores no son una obra de ciencia exacta, aunque sean de muy buena calidad. Sin embargo, la exigencia de calidad no debe hacer olvidar que los indicadores son prioritariamente concebidos para ayudar a los organismos a profundizar y a actuar. Allí radica su dimensión política. Es en ello que los indicadores son instrumentos, herramientas de conducción. Toda sociedad democrática moderna exige dos grandes funciones: la evaluación, que una buena batería de indicadores permite realizar, y el debate público sobre la calidad y el lado perfectible de los actores del sistema estudiado.

Más allá de alimentar el debate público, los sistemas de indicadores tienen como función más fundamental la de permitir la conducción. El funcionamiento de un sistema no puede resumirse en circulares o directivas llegadas de arriba. Su éxito depende de la iniciativa individual de cada uno de sus actores. Tener responsabilidad, en cualquier nivel que sea, es a la vez generar la iniciativa, enmarcarla y evaluarla. Conviene pues que los actores del sistema estudiado tengan a disposición las herramientas que les permitirán tomar iniciativas. Entre ellas, los indicadores ocupan un lugar importante.